Orar los Misterios de Cristo con la mirada de María

Las monjas dominicas de Segovia te invitan a orar los Misterios de Cristo con la mirada de María

Cuándo:

El domingo 7 de octubre y los sábados 13, 20 y 27 del mismo mes.

19’00h: Celebración de la Eucaristía y termina con la Exposición del Santísimo.

20’00h: Adoración en silencio.

20’30h: Rezo meditado de los misterios del rosario, a cuyo término bendición y reserva.

La meditación de los misterios se realizará a partir de la Carta de S. Juan Pablo II sobre el Rosario de la Virgen María.

 

Dónde:

Iglesia del monasterio de Santo Domingo el Real, Plaza de Trinidad, s/n.

Triduo de Santo Domingo en la Cueva de Segovia

  • A lo largo de este año en el que estamos celebrando el VIII centenario de la venida de Santo Domingo a Segovia, la familia dominicana de esta localidad, los segovianos, todos cuantos participan de los distintos eventos organizados y, por la comunión que nos une, toda la Orden y la Iglesia, estamos teniendo distintos momentos de encuentro con nuestro Padre Domingo.


No podía ser menos ahora; en torno a su fiesta estamos celebrando los días 6, 7 y 8 de Agosto el triduo en honor a Santo Domingo. Celebrarlo en la Cueva de Segovia con los ecos de este centenario, hacen viva su presencia en este lugar; su espíritu, su carisma se sienten como fuerza que nos empuja a continuar su obra que no es otra que la del Verbo Encarnado. Ver su imagen disciplinándose ante Cristo Crucificado nos habla de amor, de amor a Dios y a los hombres. Llevando en el sagrario de su compasión a cada hombre y mujer con el que se encuentra en su día a día, y en ellos a todo ser humano, se pone frete a Cristo para, aprendiendo a ser discípulo, completar en su carne lo que le falta a los padecimientos de Cristo (Co 1, 24-28)

Esta presencia se ha visto animada por la predicación de Fr. Pablo C. Sicouly OP. Sus palabras “silenciosas y profundas” nos han mostrado con precisión, el primer día, a un Domingo compasivo, tanto que este rasgo sería fundamental en la espiritualidad de Domingo y de su orden. La misericordia como nuestro afecto puesto en la miseria, en las necesidades o pobrezas de los otros, afecto que reconoce y afirma la dignidad de las personas.

En el día de la Transfiguración del Señor, Domingo es luz en la Iglesia y esta es nuestra petición en este día.

El día 7, hablándonos de la oración de Domingo, ha destacado su ecuanimidad como fruto de su profunda unión con Dios. Este rasgo, según el testimonio de los primeros frailes, era inalterable salvo cuando se turbaba por la compasión y la misericordia hacia el prójimo. Nos ha llamado también la atención sobre como la oración de Domingo se manifestaba con todo su ser, con toda su persona, como ponen de manifiesto sus nueve modos de orar.

Por último hoy día 8 de Agosto, día de Santo Domingo, nos ha hablado de su predicación. Domingo sueña con ir a los cumanos, que no conocen a Cristo, entiende Domingo que esta es la mayor pobreza o necesidad del hombre. Pero por mandato del Papa se queda en el sur de Francia predicando la verdad a los albigenses. Una nueva predicación que recrea al hombre por encima de las concepciones dualistas de los albigenses que enseña el sentido de la redención para la vida de los hombres. Que es predicación de la Gracia.

Ha finalizado animándonos a acogernos a la esperanza que nos dio Domingo antes de morir y que la orden recoge en esta antífona:

“Oh admirable esperanza la que diste a los que te lloraban a la hora de tu muerte, prometiéndoles que después del tránsito vendrías en ayuda de tus hermanos. Cumple oh padre lo que prometiste socorriéndonos con tus plegarias.”

 

 


Ester Bermejo Gómez OP

Fraternidad Laical de Santo Domingo de Segovia

Asunción de la Virgen María a los cielos

Hoy la Iglesia se viste de fiesta al celebrar la Asunción de la Virgen María a los cielos. Hoy podemos alegrarnos todos, pues lo que celebramos en esta fiesta es el triunfo de María sobre la muerte y su glorificación al cielo, a imitación de su Hijo único Jesucristo. Este es el día glorioso en que la Virgen madre de Dios subió a los cielos; todos la aclamamos y tributamos nuestras alabanzas.

Y precisamente hoy podemos celebrar en la Orden lo que llamamos “el pentecostés dominicano”. Domingo concibió y maduro la idea de que la buena noticia que podía ir sembrando, no debería quedar solo en medio de los Cataros, sino que sus hijos la llevarían a todo el mundo.

Así en contra de todos los que le rodeaban, le aconsejaban…, comprendió “la locura de buen castellano”, de enviar a los frailes a imitación de Jesús, de dos en dos por todo el mundo.

Y eligió precisamente este día en que pediría la protección de María y la oración de sus monjas para que el trigo esparcido llegara a todo el orbe.

Y en esta misión Domingo envió a cuatro frailes a España: Pedro de Madrid, Miguel de Ucero, Suero Gómez y Domingo de Segovia, o Domingo Chico, que en la Navidad de 1218 se encontraría en Segovia junto a F. Corbalán, primer prior del convento que dejara fundado Santo Domingo.

 

 

 

Comunidad de monjas dominicas
Monasterio de Santo Domingo el Real de Segovia

Un padre tan santo que nos impulsa a vivir nuestra entrega

Desde que nos enteramos de la convocatoria del año jubilar conmemorando el 800 aniversario de la llegada de Santo Domingo a Segovia, intentamos buscar una fecha propicia para visitar la cueva de Nuestro Padre. Y por fin llegó el día: El lunes 23 de Julio de 2.018 comenzamos nuestra peregrinación a las nueve y media de la mañana las ocho hermanas más jóvenes de la comunidad de Dominicas de Palencia, para ganar el jubileo. Fray Luis Miguel García Palacios OP conducía la furgoneta y en ella íbamos: la Madre Maestra, la Submaestra, una postulante, dos novicias, dos profesas temporales y la cronista, que es la que lo redacta.

Lo primero que recordamos a todas fueron los tres requisitos necesarios para ganar las indulgencias: confesión, profesión de fe y orar por las intenciones del Papa.

A las once y media habíamos quedado en la cueva con Sor Mercedes y Sor Purificación, de la comunidad de Segovia y justamente a esa hora llegamos las peregrinas, viendo de lejos esa ciudad tan bonita llena de torres, calles históricas y empedradas; con subidas y bajadas; el acueducto romano cerca del río Eresma, el Alcázar, junto con muchas otras construcciones religiosas que nos acercaban a Dios.

Lo primero que vimos a la entrada de la cueva fue la placa que anunciaba el año jubilar por haber estado allí nuestro Padre Santo Domingo en el año 1218 y eso, para sus hijas que tratamos de seguir sus huellas, siempre impresiona.

También nos llamó la atención que la cueva quedase detrás del muro de la cuidad. Nos contaron que Santo Domingo, por esa época ya contaba 48 años de edad. Su fama de santidad se había extendido y no le dejaban solo ni un momento, por lo que tuvo que buscar un lugar retirado, a las afueras de la cuidad, porque él necesitaba intimidad con el Señor.

Los Reyes Católicos, en el siglo XV, quisieron beneficiar a los Dominicos construyéndoles un convento más amplio, dentro de la cuidad, pero debido a la huella que dejó allí nuestro Padre Santo Domingo, ellos no quisieron trasladarse de ese lugar y entonces construyeron allí mismo una elegante ampliación del convento, incorporando sus escudos y el lema de su reinado: “tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando”.

Después de explicarnos la fachada del convento entramos por la actual universidad que lo ocupa, para conocer su entorno, el espacio del patio   que todavía se conserva, una parte del claustro, la iglesia, de una sola nave, las excavaciones realizadas… y después pasamos al exterior para ver los jardines que lo rodean y el impresionante mirador. Todo ello fue muy significativo para nuestra espiritualidad, pero lo más relevante para mí fue cuando bajamos por las mismas escaleras de piedra por la que bajaban nuestros hermanos Dominicos después de Completas, para prolongar su oración en la cueva. ¡Cuántos hermanos santos habrán bajado por esas escaleras impregnados del “buen olor” de Santo Domingo.

Después bajamos a la cueva. Un recibidor amplio con dos confesionarios adosados a la pared, que ya no se utilizan, nos conducían por un lado a la sacristía y por otro a la capilla. De la sacristía se destaca la Milagrosa que trajeron los niños huérfanos que cuidaron allí las Hijas de la Caridad y que todavía se reúnen una vez al año. Una placa de agradecimiento lo recordaba.

¡Y llegamos a la capilla de Nuestro Padre! Su recogimiento favorece la oración. Al igual que Domingo buscaba allí su intimidad con el Señor, ahora, ocho siglos después, éramos sus hijas las que anhelamos esa intimidad con el Señor a la que nos conducía él.

Santo Domingo se flagelaba mirando al crucifijo, orando por los pecadores, por los que no conocen a Cristo, y unía su sangre a la Sangre redentora del Salvador.

Después de unos momentos de oración contemplativa, pasamos a celebrar la Santa Eucaristía presidida por fray Luis Miguel. Era la Misa votiva de nuestro Padre y cantamos “a capella” todo lo que pudimos. En la homilía destacó el fraile que la oración de Santo Domingo: ¡Señor: qué será de los pobres pecadores! él la traducía como: ¡Señor qué será de todos aquellos que no te conocen! o bien ¡Señor qué será de aquellos que abandonaron la fuente de la vida!; con estas y otras palabras alentadoras nos animaba a seguir las huellas de nuestro Padre.

No podíamos marcharnos de allí sin ver la imagen de Nuestro Padre, la mismo que vio santa Teresa de Jesús cuando visitó la cueva y se le apareció en éxtasis.

El recuerdo de nuestro Padre en ese lugar es impresionante y nos daba pena salir de allí, pero el cuerpo tenía que sustentarse y una comunidad de generosas hermanas nos estaba esperando para comer. Así fue como vivimos aquella maravillosa experiencia que nos aúna más como hermanas que tienen un Padre tan santo y nos impulsa a vivir nuestra entrega día a día con mayor generosidad.

 

Comunidad de monjas dominicas
Monasterio de Nuestra Señora de la Piedad de Palencia

Triduo en honor de Santo Domingo de Guzmán

Durante los días 6, 7 y 8 de agosto, se celebrarán diferentes actividades en honor a Santo Domingo de Guzmán.

Celebración de la Eucarística a las 8,30 horas en la cueva de Santo Domingo y a las 19 horas en la iglesia del monasterio de Santo Domingo el Real de Segovia.

Además, en la iglesia del monasterio se realizarán las siguientes actividades y celebraciones:

  • El día 6, a las 20 horas, conferencia abierta a cargo del predicador del triduo, fray Pablo Sicouly, OP.
  • El día 8 dentro de la celebración eucarística, una laica dominica, Ester Bermejo OP, hará su promesa perpetua en la Fraternidad Laical de Santo Domingo.
  • Los días 7 y 8, al terminar la misa, la comunidad de dominicas contemplativas cantarán la Vísperas de Santo Domingo.

Fidelidad a una vocación

“Pues que siempre tan amado fuiste de nuestro Señor, Santiago, apóstol sagrado, sé hoy nuestro protector.”

Este himno con el que comenzamos las primeras vísperas de esta fiesta nos lleva a reconocernos AMADOS DE NUESTRO SEÑOR. Por el que al igual que Santiago dio su vida, nosotras en nuestro vivir diario le buscamos en el silencio, pensamos en él y le invocamos de modo que a todos pueda llegar el mensaje evangélico.

“Al ser por Cristo elegido, por él fuiste consolado, viéndole transfigurado de nieve y de sol vestido y por el Padre aclamado en la cumbre del Tabor”.

Cristo es quien nos amó primero, nos miró y eligió y en nuestra aceptación nos hacemos cooperadoras suyas en la obra de la regeneración humana. Nosotras sentadas a los pies del Señor imploramos a la Palabra por todos aquellos que necesitan de Evangelio. “Señor Jesús ¿Qué será de los que no creen en ti?”

“En Judea y Samaría al principio predicaste después a España llegaste, el espíritu por guía, y la verdad has plantado donde reinaba el error”.

Las monjas no estamos excluidas de la proclamación de la palabra de Dios, ya que anunciamos el evangelio con el ejemplo de nuestra vida, con el testimonio de nuestra oración, preparando el camino a la verdad que es el mismo Jesucristo, a todo el que busque una luz, un sentido sin error en su existencia.

“Pues que siempre tan amado fuiste de nuestro señor, Santiago, apóstol sagrado, sé hoy nuestro protector”.

 

 

Comunidad de monjas dominicas
Monasterio de Santo Domingo el Real de Segovia

Alabar, bendecir, predicar

“…el 13 de junio de 1513, las dominicas partieron en «solemne procesión» de los arrabales hacia el recinto amurallado de Segovia, a la nueva fundación situada «al costado septentrional de la ciudad, que se nombró casa de Hércules, por fundación suya, que entrando a habitarla monjas dominicas, comenzó a nombrarse Santo Domingo el Real, como hoy se nombra». Es el relato del cronista Diego de Colmenares

Sí, hoy es un día de acción de gracias; pues hace nada menos que 505 años que aquella primera comunidad de dominicas situada cerca de la cacera del Acueducto segoviano, en un lugar “ rodeado de cardos y rastrojeras”, -porque le llamaban “Sto. Domingo de los Barbechos”- donde llevaban ya unos 200 años- salió en solemne procesión hacia la actual casa que habitamos .

Y seguimos con el ardor de ser un foco donde se puede encontrar a Jesucristo.

 

 

 

Comunidad de monjas dominicas
Monasterio de Santo Domingo el Real de Segovia

Sexta edición de la Predicaminata y visita a la Cueva en el VIII centenario de la llegada de Santo Domingo a Segovia

  • El pasado sábado 26 de mayo la peregrinación dominicana que se realiza a pie entre las localidades de Cercedilla y Segovia en recuerdo del camino seguido por Santo Domingo en diciembre de 1218 llegó a su sexta edición en el marco de las celebraciones del VIII centenario de dicho acontecimiento.

Desde diciembre de 2017 (hasta enero de 2019) la Familia Dominicana de Segovia viene ofreciendo un amplio programa de actividades para conmemorar la visita y estancia del Santo en la ciudad, programa del que se puede encontrar información detallada en la página web creada para el evento: santodomingoensegovia.dominicos.org.

Por este motivo, la peregrinación de este año tuvo un carácter especial. La verdadera Predicaminata -en la que se inspira la peregrinación que desde hace años viene organizando la Fraternidad Laical de Atocha- la hizo Santo Domingo hace ochocientos años. Los peregrinos, siguiendo su ejemplo, llevaron por turnos los Evangelios y se detuvieron a hacer oración en algunos puntos del camino. Asimismo, portaron una cuchara de madera con la que obsequiaron a las monjas dominicas de Segovia como signo de agradecimiento por su hospitalidad (evocando el gesto de Santo Domingo con las monjas de Roma).

A los valientes peregrinos que anduvieron los 34 kilómetros que separan la estación de tren de Cercedilla del monasterio de las monjas dominicas de Segovia les acompañó una climatología muy favorable con amables nubes que sólo descargaron las gotas justas para proveer del necesario refresco y que protegieron del duro sol que tanto castiga en las últimas horas de camino. Con tal entusiasmo alcanzaron su meta que ya se disponen a planear una edición especial de la Predicaminata para los días 6 al 9 de diciembre, si las condiciones lo permiten: de Madrid a Segovia, el recorrido completo que hiciera Santo Domingo.

El domingo 27 se celebró la visita a la Cueva de Santo Domingo en la que se unieron para celebrar la eucaristía los peregrinos de la Predicaminata con otros llegados en el día por otros medios de distintos lugares de España. Esta encuentro -que tiene décadas de tradición en la Familia Domincana de España y que en los últimos años viene coincidiendo con la jornada siguiente a la Predicaminata- tuvo el carácter solemne que el marco del VIII centenario otorga: en la abarrotada capilla un coro de canto gregoriano animó la liturgia. Tras la eucaristía, una comida fraterna para después disfrutar a primera hora de la tarde de una de las actividades del centenario preparada por las dominicas del Monasterio de Santo Domingo El Real: La contemplación de las Monjas. Una charla-coloquio con la comunidad de monjas dominicas en torno al sentido de su vocación en la Orden de Predicadores y en la Iglesia. Broche perfecto para la festividad de la Santísima Trinidad, día dedicado, precisamente, a celebrar el don de la vida contemplativa en la Iglesia.

En la fiesta de la Traslación de Nuestro Padre Santo Domingo

Los hijos de Domingo de Guzmán, estamos de fiesta, hoy día 24 de Mayo, celebramos la traslación de los restos de santo domingo, de su primera sepultura, a un sepulcro más digno en la Iglesia de San Nicolás en Bolonia.

Todo sucedió de la siguiente manera:

“…Habían pasado 12 años desde la muerte de Domingo. Dios había manifestado la santidad de su Siervo por multitud de milagros obrados en su sepulcro o debidos a la invocación de su nombre. Se veían sin cesar enfermos, alrededor de la losa que cubría sus restos, pasar allí el día y la noche, y volver glorificándolo por su curación. De las paredes próximas colgaban exvotos en recuerdo de los beneficios que de él habían recibido, y no se desmentían con el tiempo los signos de veneración popular. Con todo, una nube cubría los ojos de los Hermanos, y mientras que el pueblo exaltaba a su Fundador, ellos, sus hijos, en vez de preocuparse por su memoria, parecían trabajar en oscurecer su brillo.

No sólo dejaban su sepultura sin adorno, sino que, por temor a que se les acusara de buscar una ocasión de lucro en el culto que ya se le daba, arrancaban de los muros los exvotos. Algunos deploraban esta conducta, pero sin atreverse a contradecirla de plano. Se dio el caso de que, creciendo el número de los Hermanos, se vieron obligados a demoler la vieja iglesia de San Nicolás para edificar una nueva, y quedó el sepulcro del santo Patriarca al aire libre, expuesto a la lluvia y a todas las intemperies. Este espectáculo conmovió a algunos de ellos, que deliberaban entre sí sobre la manera de trasladar aquellas preciosas reliquias a un sepulcro más conveniente.

Prepararon un nuevo sepulcro, más digno de su Padre, y enviaron a varios de ellos a visitar al soberano Pontífice para consultarle. Ocupaba el solio pontificio el anciano Hugolino Conti con el nombre de Gregorio IX. Recibió muy duramente a los enviados, y les reprochó haber descuidado por tanto tiempo el honor debido a su Patriarca. Les dijo: «Yo conocí en él a un hombre seguidor de la norma de vida de los Apóstoles, y no hay duda de que está asociado a la gloria que ellos tienen en el cielo». Hasta quiso asistir en persona al traslado; mas, impedido por los deberes de su cargo, escribió al arzobispo de Rávena que fuese a Bolonia con sus sufragáneos para asistir a la ceremonia.

Era Pentecostés de 1233. Se había reunido el Capítulo General de la Orden en Bolonia bajo la presidencia de Jordán de Sajonia, sucesor inmediato de Santo Domingo en el generalato.  Estaban en la ciudad el arzobispo de Rávena, obedeciendo a las órdenes del Papa, y los obispos de Bolonia, Brescia, Módena y Toumay. Habían acudido más de trescientos religiosos de todos los países. Los hostales rebosaban de señores y ciudadanos notables de las ciudades vecinas. Todo el pueblo estaba en expectación. «No obstante —dice el Beato Jordán—, los Hermanos estaban intranquilos: oran, palidecen, tiemblan, porque temen que el cuerpo de Domingo, expuesto largo tiempo a la lluvia y al calor en una vil sepultura, aparezca comido de gusanos, exhalando un olor que disminuyese la opinión de su santidad».

Atormentados por este pensamiento, pensaron abrir secretamente la tumba del Santo; pero Dios no permitió que así fuese. O porque hubiese alguna sospecha, o para comprobar más la autenticidad de las reliquias, el Podestá de Bolonia mandó que día y noche guardaran el sepulcro caballeros armados. Sin embargo, a fin de tener más libertad para el reconocimiento del cuerpo, y evitar en el primer momento la con-fusión de la muchedumbre llegada en masa a Bolonia, se convino en abrir el sepulcro de noche. El 24 de mayo, lunes de Pentecostés, antes de la aurora, el arzobispo de Rávena y los demás obispos, el Maestro General con los definidores del Capítulo, el Podestá de Bolonia, los principales señores y ciudadanos, tanto de Bolonia como de las ciudades vecinas, se reunieron, a la luz de las antorchas, en tomo de la humilde piedra que cubría hacía doce años los restos de Santo Domingo.  …Mientras la levantaban, un inefable perfume salió del sepulcro entreabierto: era un aroma que nadie pudo comparar a cosa conocida, que excedía a toda imaginación. El arzobispo, los obispos y cuantos estaban presentes, llenos de estupor y alegría, cayeron de rodillas, llorando y alabando a Dios.

…Por fin, le abrieron arrancando los clavos de la parte superior, y lo que quedaba de Domingo apareció a sus hermanos y amigos. No era más que osamenta, pero llena de gloria y de vida por el celestial perfume que exhalaba. Sólo Dios conoce la alegría que inundó todos los corazones, y no hay pincel capaz de representar aquella noche embalsamada, aquel silencio conmovedor, aquellos obispos, caballeros, religiosos, todos aquellos rostros brillantes de lágrimas e inclinados sobre un féretro, buscando a la luz de los cirios al grande y santo hombre que los miraba desde el cielo, y respondía a su piedad con esos abrazos invisibles que inundan el alma de intensa felicidad

…Jordán de Sajonia se inclinó sobre aquellos sagrados restos con respetuosa devoción, y los trasladó a un nuevo féretro hecho de madera de cedro. …Se cerró el féretro con tres llaves, entregándose una al Podestá de Bolonia, otra a Jordán de Sajonia, y la tercera al Provincial de Lombardía. Luego lo llevaron a la capilla, donde estaba preparado el monumento: éste de mármol, sin ningún adorno escultórico.”

                                       JORDÁN DE SAJONIA, Orígenes de la Orden de Predicadores

 

Esto que se cuenta en el lenguaje de la Edad Media como una leyenda, es para todos nosotros, hijos de Domingo, la confirmación de que Nuestro Padre vivió como vivió Cristo, sintió como sintió Cristo. En definitiva, que recibió, como dice San Pablo “la sublime misión de esparcir por todas partes la fragancia de Cristo” (2Cor 2,14).  Después de muerto su buen olor es prueba de que en medio de un mundo impregnado del hedor de la herejía y de la falta de verdad, su acción  evangelizadora difundió el buen olor del conocimiento de Aquel cuyo nombre es “ungüento derramado” (Ct 1,3)

Nos toca ahora a nosotros esparcir el “buen olor de Cristo” que no es otra cosa que el mensaje de Cristo. Con el olor de Domingo en este día de su traslación es el mismo Domingo quien nos dice que “nosotros somos el buen olor de Cristo” (2 Cor. 2,15). Su espíritu, su vida gastada por el Evangelio, su existencia transformada, apunta a Otro, porque ha dejado a Cristo vivir en sí mismo (rf. Gal. 2, 20).

 

Feliz día para todos hermanos y pidamos juntos a Domingo:

A nuestro Padre Domingo
En el canto presentamos
Jubilosas alabanzas.

Y tu familia de pobres
Caminado tras tus huellas
Tu protección hoy te pide.

Y tú, Padre compasivo,
Pastor bueno del rebaño,
Escucha nuestra súplica.

Ante nuestro Rey supremo
Por tu oración pide siempre,
Por la grey que tú has fundado. AMÉN

 


Ester Bermejo Gómez OP

Fraternidad Laical de Santo Domingo de Segovia

Misa en la cueva de Santo Domingo y conferencia-coloquio en el monasterio de Santo Domingo el Real

Dentro del calendario de actividades programadas en el contexto del VIII centenario de la presencia de santo Domingo en Segovia, el próximo día 27 de mayo se llevarán a cabo las siguientes actividades:

Misa en la Cueva de Santo Domingo.

Hora: 12:00
Cantada en Gregoriano.
Lugar: Cueva de Santo Domingo. Entrada libre hasta completar aforo.
Organiza: Familia Dominicana de Segovia.

 

La contemplación de las Monjas.

Conferencia – dialogo con las monjas de la comunidad de dominicas contemplativas del monasterio de Sato Domingo el Real.
Hora: 17:30
Lugar: Iglesia del Monasterio Santo Domingo el Real, MM. Dominicas (plaza de la Trinidad.) Entrada libre hasta completar aforo.
Organiza: MM. Dominicas.